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Santoka o la intolerable compañía de la soledad
Por Carlos Fleitas
Dedicado a
Maria del Mar Ordoñez
"Mi madre no puede ser culpada. Nadie puede
serlo. Si se ha de culpar a alguien, se tiene que culpar a todos. Es la
condición humana a la que se tiene que culpar. Oh mi madre! que recuerdo. Si
escribiese una autobiografía tendría que comenzar de este modo: Los infortunios
de mi familia comenzaron con el suicidio de mi madre",
escribió Santoka (Diciembre 3, 1882
- Octubre 11, 1940) -seudónimo de Taneda Shoichi-, cuarenta años
después, en su diario.
Es este suceso gravemente traumático, que ocurre cuando tenía once años de edad,
es el que determinará su vida. Como nos recuerda otro poeta del dolor, Cesar
Vallejo: “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Santoka no
podía superarlo. No podía desprenderse de él. Lo llevo consigo a lo largo
de todo su peregrinaje por el Japón como monje mendicante, o mejor, como
vagabundo sin hogar.
No hay camino
Sino éste
Camino solo
No tengo hogar
El otoño se vuelve inhóspito
Sobre mi cabeza
El ardiente cielo estival
Mendigando y caminando
Y años
después escribe
Envejeciendo
Añorando
mi pueblo natal
Tsu-ku-tsu-ku-boshi
Aclaración:
El tsukutsukuboshi es un insecto que pía con un trino agudo y estridente sólo
después de la puesta de sol y tiene un sentido melancólico para los japoneses.
Melancólico,
solitario, nostálgico y doliente, siempre llevó consigo la pequeña tablilla
funeraria de su madre. Y en cada aniversario de su muerte componía un haiku en
su memoria. Compuesto en el 47 aniversario, en este haiku Santoka ofrenda a su
madre fideos, que es lo único que tiene en esta ocasión.
Ofrendando
fideos
Madre
Yo
tambien comeré
Dos años
después en el 49 aniversario de la muerte de su madre escribe:
Dientes
de león cayendo
La muerte
de mi madre
Aquello
en lo que pienso incesantemente
“Dedico
este libro al alma de mi madre que se apresuró a morir mientras aún era
joven”, escribe como dedicatoria al “Somokuto” (Una pagoda de
arboles y hierba), un libro con sus haiku que fuera publicado seis meses
después de su muerte en 1940 cuando tenia 57 años de edad.
Tan
hondamente se apoderó de él (de su ego) la trágica pérdida de su madre, que en
1924 intentó suicidarse. Ebrio, se paró frente a un tranvía que se acercaba
velozmente, pero fue rescatado a último momento. Un monje que presenció la
escena, decidió llevarlo al monasterio donde años después fue ordenado monje
Zen Soto.
Esto
supondrá un vuelco decisivo en su vida, pues posiblemente la disciplina y las
enseñanzas recibidas en el monasterio, lograron mitigar en algo –al
dotarlo de un nuevo ideal- su melancolía, permitiendo en parte, reencauzar una
vida que se dirigía hacia la autodestrucción. De este modo libera una parte de
la energía concentrada en su ensimismamiento, para derivarla hacia la creación
poética, creación que a la vez le permite en parte, repararse a si mismo.
" En
febrero de 1929 fui ordenado monje y me convertí en residente en Mitori
Kannon-do. Era una verdadera vida solitaria en el bosque, en lo que concierne a
la quietud era quieta, y a la soledad era sola, tal era allí la vida" escribe
Santoka.
Mañana y
tarde
Golpeando
la campana del templo
Viento en
los pinos
Después
de algunos años abandonó el templo y se dedico a recorrer como monje
mendicante, el Japón, teniendo sólo por pertenencias su tazón, una toalla y sus
hábitos.
Este viaje
Un viaje
sin fin
Tsu-ku-tsu-ku-boshi
Mojado
por el rocío
Voy en la
dirección que quiero
Años
antes en 1916 su acomodada familia de terratenientes se declaró en bancarrota.
Parecería que el destino se hubiese ensañado con él. Dejó su trabajo y finalmente
se dirige a Tokio a estudiar haiku con el maestro Ogihaara Seiwensui. En ese
momento ya era un bebedor excesivo, ingiriendo grandes cantidades de sake,
hábito que mantuvo hasta el final de su vida.
Estoy
ebrio
Moderadamente
Las hojas
están cayendo
Días
desagradables
Días en
que no camino, días sin bebida,
Días sin
haiku
Oh, me
dormí
Borracho
Con este
grillo
Dolor,
desamparo y soledad. Santoka soporta lo intolerable, tolera lo insoportable. No
puede liberarse de ellos, los siente profundamente, los sostiene, los
testimonia de modo crudo y punzante. Pues refiriéndose a la tragedia familiar
Santoka escribe en su diario: “Mi abuela diciendo, “es el
karma”, lo hacía con una triste resignación, pero cuando yo digo: es el
karma, es una percatación solitaria. Estoy aceptando este karma, o mejor, lo
estoy disfrutando” "Después de todo, mi camino no es mas que el
camino de seguir mi estupidez hasta el final", escribe en su diario. Y
sobre el final de su vida agrega: "Mi vida ha sido un completo
desperdicio"
Sensación
de ruina, pérdida de amor propio, desilusión, que su entrenamiento Zen no
pudieron disipar totalmente.
Lentamente,
lentamente
Cayendo
en la ruina
Mi otoño
final
Yo -
Desamparado
y bueno para nada
Caminando
Nada
puedo hacer
Mi vida
de contradicciones
Llevada
por el viento
Y este
haiku magistral –que se encuentra en la línea temática de los anteriores-
muestra como Santoka para expresar un estado de animo lo hace concordar con la
estación, método al que recurre frecuentemente:
Cielo de
invierno
Sueños
distantes destrozados
Idos para
siempre
Ama la
naturaleza pero no intenta extraer lección alguna de ella, ni siquiera se
dedica a contemplarla serenamente, o develar sus dones. En alguna ocasión la percibe
indiferente como en los versos del Tao Te King: “El Cielo y
La
belleza de la puesta de sol
No
muestra pena alguna
Por la
vejez
Pero
nunca deja de apreciar su belleza y su esplendor, a pesar de su pena, como lo
ejemplifica en este haiku, donde Santoka maneja los opuestos magistralmente
como es común en su obra y donde las posibilidades de interpretarlo se abren en
abanico.
Mi
corazón está cansado
Las
montañas el mar
Son tan
hermosas
No es de
llamar la atención la autoreferencia en el haiku anterior, pues Santoka,
muestra su ego en forma ostensible, descarnada, sin pudor alguno, pero jamás
con elación. El ego es el centro de inumerables haiku. Y su ego es dolor, el
sufrimiento por la pérdida de su madre y la bancarrota económica y moral de su
familia. Lo lleva a cuestas pesadamente en su vagabundeo. No lo oculta ni lo
exalta. Desamparo, tristeza y soledad contra los que no lucha, contra los que
no se siente en oposición. No es un padecimiento entre otros. Santoka no escribe
haiku sobre la soledad y el sufrimiento. Santoka es soledad. Santoka es
sufrimiento.
Otro
tanto sucede con la técnica o mejor la ruptura que hace de ella. Quiebra todas
las reglas conocidas del haiku tradicional. No siempre usa el kigo, no respeta
la métrica silábica 5-7-5, es descuidado en la gramática, se saltea muchas
veces el kiregi, utiliza alguna que otra vez una metáfora, lleva al ego a un
primer plano, de modo tal que muchos de sus haiku se convierten en una
narrativa de sí mismo.
De este
modo sacude nuestras certezas sobre el haiku, las reglas que veneramos como
mandamientos para escribirlo, rompe las cadenas de oro que nos imponemos, que
muchas veces actúan como barreras artificiales que nos imponen limitaciones
creativas, o bien actúan a la manera de un lecho de Procusto sobre el que
recostamos nuestros haiku. Santoka (junto a Shiki) llevó al limite el haiku,
hasta un punto tal que uno se pregunta si ya el haiku como genero poético,
aunque no agotado, esté cerrado.
Sus haiku
son breves, certeros como flechas, pues elude todo circunloquio quitándole al
haiku el carácter discursivo o narrativo que muchas veces puede tener. Tienen
la cualidad del “in media res”, de allí que sacrifique métrica y
gramática. Santoka no pierde tiempo, sus haiku van directamente al centro de
nuestra mente y corazón.
“Algunas
veces estoy lucido, otras embrollado, pero ya sea lúcido o embrollado es sin
duda a “shinjin datsuraku” (desprendiéndome de cuerpo y mente) cada
vez que escribo un haiku.” Objetivo ideal que finalmente percibe que no
ha podido cumplir pues escribe en su diario: “Siento que he vivido diez
años en uno este año (a la vez he sentido que he vivido por un año en diez
años), y no puedo evitar sentir que cuanto mas viejo me vuelvo, mas falsas ilusiones
tengo. Cuando miro hacia atrás me siento avergonzado de la debilidad de mi
mente y la pobreza de mis haiku” Lo cual no esta desprovisto de lógica,
pues son los opuestos lo que dan tensión, dramatismo y pasión a sus haiku, a
contrario del “shinjin datsuraku” que intenta alcanzar y que
finalmente comprende que su realización lleva en si el germen de su
imposibilidad.
En cierto
pasaje de su diario, compara sus haiku con el agua, con la esperanza que estos
adquieran la pureza de la misma, pues para él el agua tenía un especial
significado, seguramente en el sentido de su libre fluencia, de su maleabilidad
a adaptarse a todas las condiciones de un terreno. Purificarse bebiendo agua,
símbolo de la cristalinidad , de la vida, como contrapartida del sake que se
torna imprescindible para él, pues obra como anestésico del dolor psíquico.
Vendo mis
harapos
Y compro
algo de sake
Habrá
soledad todavía ?
Pero a la
vez le proporciona el elixir, la ambrosía necesaria para escribir, una suerte
de momento dionisiaco (el que exaltó Nietzsche como apoteosis de la vida y la
renovación) que al superar su doloroso y persistente pesar y soledad, le
permite abrir la puertas de la creación, disolviendo su ego (como también lo
intuyó Nietzsche), pues Santoka tenía una extraordinaria lucidez respecto a su
creatividad, no exenta de un desprejuiciado humor cuando escribe: "Me
sirvo sake, es de él que surgen mis haiku"
Sake por
carne, haiku por alma:
Sake es
el haiku de la carne
Haiku es
el sake del alma
"Mendigar
debiera ser como las nubes fluyendo y como el agua fluyendo. Si permanezco en
un lugar aunque sea por un momento, me enredo. Que mi mente sea como el agua!
Que mi mente sea como el cielo! Me gusta el sake y también el agua. Me gustaba
el sake más que el agua hasta ayer. Hoy me gusta el agua tanto como el sake.
Mañana podría gustarme el agua mas que el sake.”
“En
"Haichi no Ko" había muchos haiku como el sake (sin tener en cuenta
el grado de su pureza). En Gochu Hitori y en "Gyokotsu Tojo", hay
haiku tanto como el sake como el agua. Espero que habrá mas haiku como el agua
a partir de ahora. Puros como el agua. Espero que este sea el estado de mi
mente", escribe en su diario en 1933 mientras se encontraba viviendo en
Go-chu, que era el nombre de la choza donde Santoka moraba cuando no estaba de
viaje.
Sonido de
agua
Tal como
es
Me vuelvo
sereno
Paradoja
última de un ser descastado, que busca en sus haiku el sello, el anhelo de lo
cristalino e inmaculado, que repare a la manera de bálsamo, una psique mancillada
por la calamidad, que percibe como ‘enredada’. Alma doliente, que
anhela la pureza y la fluencia.
Libre
como el viento que sopla
Saboreo
el agua
La
primera línea es una traducción del carácter japonés 'hyohyo' compuesto de tres
elementos que por separado significan el oeste, mostrar y el viento. Reunidos
denotan el viento que señala el oeste, siendo éste la dirección de la paz y la
serenidad. Por ende su sentido es ser despreocupado como el viento del oeste.
Es del caso señalar que para la escuela de
Detrás de
la roca
Agua
cayendo
Tal como
lo pensé
En 1933
vuelve a su pueblo natal y es objeto de burla por los niños que le gritan:
Mendigo! Mendigo!. Sólo queda una de sus hermanas casada, en cuya casa pasa la
noche, pero no es bienvenido. A la mañana siguiente le pide que deje la casa,
porque no quiere oír a la gente gritarle mendigo o vagabundo. Santoka sale de
la casa y abandona el pueblo con lágrimas en los ojos, descalzo, sin sus
sandalias pues está lloviendo.
Mi pueblo
natal
En medio
de la lluvia
Caminando
descalzo
Nada más
tiene que perder ya, todo se ha ido.
Nada
queda
De la
casa en la que nací
Luciérnagas
Santoka
escribe este haiku lleno de ambigüedad, pues plantea el desafío de
interpretarlo en particular por el remate de la vibrante tercera línea, en
donde la polisemia del mismo ejemplifica como ninguno la raíz de su arte.
"No
creo que me agraden las palabras 'Kokan' (frío y solo), pero estoy viviendo en
el mundo que expresan. Me gustaría salir de él tan pronto sea posible”.
“Si no puedo cruzar esta barrera, mis haiku no podrán ser
“mugejizai” (libres y sin obstrucciones)", escribe en su
diario.
Prisión
que le han impuesto las circunstancias, pues Santoka es un exiliado de la
sociedad a pesar suyo, por una catástrofe que lo ha llevado a retirarse del
mundo, a concentrarse en sí mismo, en su dolor, su desilusión, su melancolía,
su autocompasión y eventualmente su autodesprecio.
Porque
Santoka es soledad hasta la desesperación. Soledad derivada de lo que para
siempre se fue. Soledad derivada de la pérdida. Soledad que es ausencia,
ausencia abrupta y traumática de su madre y del hogar de la infancia en donde
durante sus once primeros años fue feliz. Soledad que no parece tener redención
posible. Desgarrante.
Como la
que describió Vallejo: “He almorzado solo ahora, y no he tenido madre, ni
súplica, ni sírvete, ni agua...” versos iluminados, que retratan
perfectamente el padecer de Santoka.
Comiendo
esta única porción de arroz
Calladamente
Solo
Soledad
que sin embargo encierra una paradoja, una doble faz, porque además de ser tal
en virtud de una ausencia, es a la vez la única vía que le posibilita mantener
viva a su madre, en la dolorosa memoria de ella, que Santoka sostiene
devotamente. Fidelidad última en la que renuncia al mundo para unirse a ella en
una comunión espiritual al precio del exilio social. Pues de eso se trata, de
no olvidarla, de recrearla continuamente (“pienso en ella
incesantemente”), a punto tal que sacrifica todo lo que pueda distraerlo
de su propósito.
Pero la
soledad que denuncia la ausencia, no cesa. Reabre continuamente la herida, sus
pérdidas. Soledad que tampoco es posible exorcizar. Esta allí presente y
pulsante.
En esta
habitación
De un
shoji recien empapelado
Solo.
Aclaración:
Shoji son puertas corredizas de enrejado de Madera cubiertas por papel de arroz
blanco. Dada su fragilidad son re-empapeladas de tanto en tanto.
Hoy
también
Nadie
vino
Luciérnagas
A solas
Escuchando
Un pájaro
carpintero
Siempre
solo
Una
libélula roja
Sombras
tarde en la noche
Mientras
como solo
Haciendo
poco ruido
Solo
Comido
por los mosquitos
Extendiéndose
adelante
El camino
en línea recta
Soledad
Mirando
la luna
ocultarse
Estoy a
solas
El
graznido de un cuervo
Yo
tambien estoy solo
Sin
dinero, sin posesiones
Sin
dientes
Totalmente
a solas
Cielo de
otoño
Nubes
flotando
Volviéndome
solo
En el siguiente
haiku parecería que Santoka canta para acompañarse a si mismo y mitigar así la
soledad.
Solo
Pasando
la azada
Cantando
una canción
O en este
haiku magistral donde opone el frío de la nieve, que es el frío de su soledad
con el fuego que cuida, pues es el que le da el calor que añora y a la vez la
compañía que anhela.
En Go-chu
la nieve esta cayendo
Estoy
solo
Cuidando
el fuego
Pues es
algo habitual en Santoka utilizar analogías para describir el mundo en el que
habita (Kokan), entre las cuales se destacan la nieve, el viento helado, el
frío, para dar cuenta de su estado de ánimo, como en este haiku, donde
llamativamente aparece una posible metáfora, isla, en una concepción que se
opone radicalmente a los versos de John Donne.
Frio
primaveral
Cruzo de
isla en isla
O en
éste, donde desplaza su estado de ánimo sobre las características del viento,
para mostrar una separatidad absoluta, en este caso con un animal. Están allí
juntos pero sólo hermanados por lo que están haciendo y no por alguna forma de
interacción mutua. Y es del caso señalar una nueva metáfora: “triste
viento”
Un triste
y helado viento
Hombre
comiendo
Caballo
comiendo
O en éste
donde repite la misma metáfora, para dar cuenta de su tristeza, donde el soplar
también admite un simbolismo.
Despertando
de una borrachera
Un viento
triste
Soplando
También
incluye dolorosas imágenes personales que lo asaltan, como la que ejemplifica
el siguiente haiku, donde desplaza su llanto al de un pájaro-el alcaudón-
siendo del caso aclarar que Santoka se casó y tuvo un hijo, pero su matrimonio
fracasó y abandonó a su esposa y al niño.
Inesperadamente
Imágenes
de mi hijo
El llanto
del alcaudón
El tiempo
pasa lentamente, prolongando su desazón. Ante él la noche, que parece no
terminar nunca. Lugar donde probablemente su soledad se acrecienta y en donde
lo asaltan los recuerdos dolorosos, los fantasmas del pasado.
La larga
noche
vuelta
aún más larga
Por el
ladrido de un perro
El frío
del invierno llega hasta el corazón, el frío de la ausencia del cuidado y la
presencia humana.
Tosiendo,
tosiendo –
Y nadie
para palmear mi espalda.
No hay
modo alguno de compartir la vida, de comunicarse, pues Santoka muestra su
imposibilidad de tender un puente hacia un otro, y con ello retrata su tragedia
íntima, como en este haiku cuando comparte la comida con otro vagabundo.
Aplanando
la hierba –
Comiendo
un almuerzo compartido
Recorriendo
nuestros caminos separados
O en este
otro, donde parece ir más allá de su propia circunstancia para mostrar un
destino propio del ser humano, que es el que quizás en ultima instancia, todos
compartimos.
Cada
quien,
Caminando
por su cuenta,
Nieve
cayendo
Solo está
presente un silencio quizás agobiante, donde nadie lo acompaña, salvo el frío
de la nieve, elemento simbólico continuamente presente en sus haiku. Es allí
donde mora, en lo que parece un desierto del alma. El mundo es por momentos
para Santoka, desolación.
En la
nieve, en la nieve cayendo
En este
silencio
Yo estoy.
En
Santoka el grillo, el viento, la montaña, la nieve no son objeto de inspiración
en sí, ni tienen una esencia propia en cuanto a su posibilidad de generar o
mostrar acontecimientos que sirvan de inspiración a un haiku que de cuenta de
ellos llevándolos a un primer plano, como por ejemplo lo son en Issa o en otros
grandes maestros.
Sólo
adquieren existencia en virtud de ser una presencia que lo acompañan como en el
siguiente haiku, no exento de un delicado lirismo y refinada elegancia, uno de
los mas bellos que a mi juicio escribió, pues recrea la totalidad del cosmos en
una serena apoteosis de comunión con
Dejando
entrar la luna
En mi
dormitorio
Me voy a
dormir
Y en su
tránsito terrestre, admite ser el soporte de la vida en su manifestación mas
encumbrada y humilde. Imagen que muestra la vocación de fraternidad, de mera
convivencia, con las criaturas de la naturaleza, propia de un corazón
atormentado aunque generoso, pacífico y sencillo.
Camino
Dejando
posarse en mi kasa
una
libélula
O bien se
identifica con la luna, pues Santoka no espera a nadie es decir no espera que
nadie venga a él, acepta su karma como anotó una vez en su diario.
La luna
aparece
No
esperando cosa alguna
Santoka no
parece esperar ningún gesto del otro salvo la caridad. Pero cuando en raras
ocasiones alguien va mas allá de ello, se emociona hasta las lágrimas y recurre
al contraste y a la analogía. Lluvia-lagrimas
Invierno-
amabilidad, llevando al haiku a una complejidad y a una cumbre expresiva como
muy pocos lo han logrado en la historia del género. Pues aquí el cosmos parece
un espejo de el mismo, o el mismo un espejo del cosmos. ¿Acaso no es esta la
mente iluminada? ¿El gran despertar?
Lluvia de
invierno
La gente
ha sido tan amable
Mis ojos
se llenan de lágrimas
Santoka
en lo profundo de sí añora compañía, una señal del otro que lo recuerde, que lo
tenga por existente, que de alguna manera lo rescate. Parece esperar la carta
que nunca llega, de allí que en muchos de sus haiku mencione al cartero.
Hoy
nuevamente
Ninguna
carta
Solo
mariposas
En el
próximo haiku Santoka nos deja deliberadamente en una atmósfera de ambigüedad,
sosteniéndose el haiku en una cuerda floja. Recibió una carta o el correo no
era para él? La última línea es magistral, el eje del haiku. Partió. Resumen de
su desazón. El cartero parte. El mundo se aleja de él, pero no como
ejemplificación de la impermanencia, sino como paradigma de su aislamiento y
auto-marginación impuesta por las circunstancias que le han tocado vivir.
Trajo el
correo
Comió un
caqui maduro
Y partió
Y en los
siguientes Santoka parece insinuar que hay una carta para él, pero no podemos
tener certeza absoluta de ello, pues las posibilidades de interpretarlos son
múltiples, en esa ambigüedad en la que Santoka, mantiene en tensión sus haiku.
llovizna
–
que
amable al venir de tan lejos,
el
cartero
Al fin!
El correo
ha llegado
pronto la
fruta madura caerá
Es tal su
anhelo de recibir una carta y por ende ser sujeto para aquel que le escriba,
que aguarda esperanzado. Carta que simboliza el existir para otro, un
recordatorio de ser parte del mundo de los hombres.
Hoy
Sintiendo
que un carta llegará
Dejo el
shoji abierto
El correo
llegó
y después
de ello
solo
hojas de caqui cayendo
¿Ha
llegado una carta con noticias para nada halagueñas, lo que se expresa en las
hojas de caqui cayendo? ¿O es que no llego carta alguna y la desilusión se
expresa en las hojas de caqui cayendo? ¿Soledad en cualquiera de estos
extremos? Nuevamente se abre el haiku como una flor que estalla en primavera,
lleno de significados, matices y color.
Y así
como estos, la mayoría de los haiku de Santoka tienen una doble faz: revelan y
a la vez ocultan, muestran y esconden, siempre en la cuerda floja, en el
claroscuro, la ambigüedad, en el límite del sentido y del no sentido, que no
son producto de un refinamiento técnico, ni de un plan deliberado, sino por el
contrario, la voz de su más profundo ser.
Todo el
día –
sin
palabra alguna
olas
estrellándose
Mas
cuando observa liberándose de su ego y de su ensimismamiento, se conecta
plenamente con el entorno y tiene intuiciones y percepciones extraordinarias,
pues deja que las cosas hablen.
Calladamente,
por sí mismo
El retoño
de bamboo
Se
convierte en bamboo
O aparece
la pujanza y presencia de la vida y su recreación a través del amor, la danza,
lo imprevisto, lo por siempre renovado:
En el
bello resplandor
Pájaros
acuáticos
Haciendo
el amor
Gorriones
danzando
Dientes
de león cayendo
Plop!
En mi
kasa
Una
camelia
Aclaración:
un kasa es un sombrero de bambú usado por monjes zen itinerantes
Pronto
amanecerá
Abriendo
la ventana
Hojas
verdes
Abriendo
la ventana
Una
ventana llena de primavera
O nos
habla de una sencillez que no es ascetismo, sino existencia sin ambición o
codicia alguna, a la manera de Ryokan, donde se acompaña de lo que no se
destaca especialmente, ni presenta destello alguno.
Por
arbustos de te
Rodeado
Mi simple
vida diaria
O
descubre una familia feliz que ha perdido y que añora
Atardecer
La araña
padre, las araña niño
Felices
juntos
O el
humor irónico en medio de una aureola de aceptación, como lo ejemplifica en
esta pieza insuperable.
Algo de
vida queda:
Me rasco
el abdomen
O una
alegría íntima que sorprende por lo poco que lo conforma y que lo hace feliz,
nuevamente a la manera de Ryokan
Mi nueva
túnica
Llena de
luz del sol
Y calor
Nueva
túnica que simboliza un renacer, una vuelta al calor de la vida y a la luz del
sol, sacándolo por un momento de su melancólico sufrimiento, donde todo es
pérdida, desposesión y soledad:
Sin
dinero, ni posesiones
Sin
dientes
Totalmente
a solas
Y este es
el logro de Santoka que puede percibir la vida como un todo, en donde los
contarios anidan y la vuelven tensa y compleja, la alegría y la tristeza, la
posesión y la pérdida, la soledad y la compañía, la ilusión y la desilusión. La
paz, pero también la brutalidad y el horror de la guerra, que expresó sin
ambages, dado que aquel que nada tiene que perder o no representa o defiende
interés alguno –como lo fue Santoka- es el que verdaderamente puede
hablar:
Nubes de
lluvia invernales
Soldados
hacia
A ser
volados en pedazos
Marchando
juntos
En la
tierra sus pies
Nunca mas
retumbarán
Dejando
manos y pies
Atrás en
China
Los
soldados vuelven a casa
Orquestará
la municipalidad
un
homenaje para aquellos
vueltos
como huesos
A veces
muestra el contraste entre lo que representa el renacimiento y la vida, con lo
que está marchito y es considerado como inútil, cuando no indeseable.
Echado
En los
yuyos marchitos
Oliendo
la primavera.
Este
haiku –cargado de simbolismo- retrata como ninguno no sólo a Santoka,
sino a la tensión de fuerzas que en el operan, su herida y su bálsamo, su
condena y su liberación, su visión de si mismo y del mundo, ya que en su diario
anota.“No soy mas que una persona como un yuyo, pero estoy satisfecho con
lo que soy. Está bien para un yuyo, retoñar, crecer, florecer y finalmente
marchitarse”.
Identificándose
con el yuyo, Santoka se atreve a adoptar el rostro de lo más humilde, lo más
indeseable (la “mala hierba”), lo marchito que hay que arrancar,
deshacerse de ello. Pero en su estremecedor haiku, es justamente lo que está
condenado a marchitarse, –el propio Santoka- aquello que está en la mas
íntima comunión con el ciclo del renacer de la vida, ejemplificado por la
primavera. Tensión cósmica donde aún lo marchito, lo que rechaza la mirada,
adquiere la cualidad no sólo de la belleza, sino también lo de lo efímero, de
lo que en su despojamiento muestra la esencia del ser.
En la
belleza,
De yuyos
marchitándose
Me siento
Marchitos
y húmedos,
La
belleza de los yuyos,
A la
mañana
Es para
nosotros los occidentales prácticamente imposible apreciar belleza en algo como
yuyos marchitándose, sin embargo es para el arte japonés y en particular para
Santoka –por sus especiales características- un motivo estético y
paradigmático de la mayor significación. En estos haiku ve belleza en ellos, en
un sentido lejanamente próximo a lo que los japoneses y en particular el Zen
llama Koko, término que connota austeridad, madurez, esencialidad,
venerabilidad y que tiene como paradigma un árbol desnudo, rugoso, antiguo o
una roca con las mismas cualidades.
Y en
estos ejemplares Santoka parece encontrar el espejo de si mismo, como a la vez
el lugar donde la serenidad adviene borrando toda inquietud, como en este haiku
magistral, en el que Santoka vislumbra la totalidad de lo cósmico, sosteniendo
nuevamente su poesía en una ambigüedad casi próxima a al oximoron, antes que
una declaración concluyente que cerraría el haiku asfixiándolo.
Los yuyos
Sobre los
que puedo morir en calma
Retoñando
Pues ese
es el logro de su arte. Crear una atmósfera antes que una melodía. De este modo,
los haiku de Santoka son para leer y releer una y otra vez, para develar la
polisemia que encierran y que parece no tener fin.
Es tan
honda la presencia de esta hierba en sus haiku, que por momentos parecen
representar simbólicamente para Santoka un lugar de reposo, un lecho fúnebre,
un espejo que lo refleja.
Cuando
este muerto y haya partido
Lluvia en
los yuyos
Ha
llegado el otoño
Me siento
en los yuyos
Alegrías
Tristezas
también
Los yuyos
crecen abundantes
¿Hay en
sus haiku el vivir en el presente, el aqui y ahora, lo que sucede aqui y en
este momento, el ‘aha moment’ regla dorada del haiku? Pues
parecería que el pasado es lo que invade los haiku de Santoka, el rememorar
incesantemente a su madre, en pensar en su propia circunstancia, en sus sentimientos,
en su soledad, en su desdicha, en su karma. Puede una mente tal, focalizarse en
el presente?
A primera
impresión nos apresuraríamos a decir que no, pero el siguiente haiku sobre su
padre muerto ejemplifica como ninguno la maestria de Santoka y lo relativo del
“hic et nunc” como paradigma, sello distintivo, “cri de
guerre” que se exige a un haiku.
Pues es
de este contacto consigo mismo, de la auto percepción de lo más hondo de su
psique, de una autobservación impecable e implacable, lo que lo lleva a
escribir el referido haiku, que parece extraído de una sesión psicoanalítica
fecunda, y que habla mucho por si solo, sin necesidad de mayor explicación:
Lenta
pero irremediablemente
Adopto
los vicios
De mi
difunto padre
Y es que
el aquí y ahora es lo que le está sucediendo en su corazón y en su mente en el
presente, aunque rememore o elabore. Nunca quebró la regla, es más la llevó
hasta sus últimos limites. Pues, ¿en que otro lugar y tiempo se puede estar que
no sea el aquí y ahora?
Porque
recordar, reflexionar, autopercibir no son el pasado pues este sólo puede
recrearse en el presente. El pasado histórico ha quedado atrás, pero la
rememoración, su retorno, la percatación propias del arte de Santoka, ocurren
inexorablemente en el presente. En una palabra, Santoka nos muestra que somos
prisioneros del presente, a tal punto que no podemos escapar de él, por más que
lo intentemos.
De allí
que sus haiku sean todos de la cualidad de “lo que sucede en este lugar y
en este momento”, lo cual es finalmente como hemos visto una redundancia.
Él como ninguno al aparentar desatender la regla, le fue fiel –hasta sus
últimas consecuencias- en toda su producción. Pues vivir en el presente
significa entregarse con la totalidad del ser a lo que se esté haciendo, sea lo
que sea, en este caso escribir haiku. Santoka se entrega a ello, con todas sus
fuerzas, con todo su corazón, por lo cual no necesita de regla o recordatorio
alguno que guíe su hacer.
Como nos
recuerda la sentencia zen: Al caminar, simplemente camina. Al sentarte,
simplemente siéntate. Sobre todo no te tambalees...(y si te tambaleas, hazlo
bien como solía decir Alan Watts) Y este es Santoka, entrega total: cuando
escribe haiku, simplemente escribe haiku...
Curiosamente
a pesar de su ruptura con la técnica tradicional, Santoka es sin embargo el más
tradicional y genuino de los haijin. Asi como los grandes fundadores Basho,
Issa y Buson, es un peregrino. Recorre el Japón- con distinta motivación que
sus antecesores-, pero manteniéndose fiel a su legado. Y es que al fin y al
cabo escribir haiku es cuestión de buenas piernas, es más, un buen haiku en
realidad se escribe con las piernas, como agudamente parece sugerir Ty Hadman.
Al leer
su obra estamos allí con él, entramos en el alma de Santoka hasta tocar su
centro de tan vívida que nos la enseña. Hasta tenemos la sensación que los
estamos escribiendo con él, pues impresionan como recién hechos. En el mundo de
Santoka no hay distancia alguna entre él y lo que escribe, nada es exterior. Es
más lo exterior es muchas veces, la proyección de su interioridad con una
autenticidad vibrante, porque su presencia, su sentir es tan intenso, que borra
toda brecha entre el adentro y el afuera, aplicando el método del
desplazamiento sobre un animal, o la estación o el grito de un pájaro, como ya
hemos señalado, para dar cuenta de su estado de animo en una sincrónica
especularidad.
Comunión
intima con la naturaleza también, que le permite a la vez recibir, amar y
percibir sus dones que llegan a él en forma no buscada, –a la manera de
Ryokan- a quien Santoka admiraba, como en este enigmático haiku, que parece
contener un elemento simbólico que no es fácil descifrar:
Recibiendo
Del cielo
de la tarde
Un caqui
O en
éste, conmovedor hasta la médula, que en una sola pincelada retrata su ser,
muestran su impecable conexión consigo mismo y con el mundo, en una poética
insuperable:
Hojas
cayendo
En mi
tazón de mendigo
También
cayendo
El
siguiente haiku, ha sido objeto de controversia en cuanto a su traducción.
Teppatsu
no
naka e mo
arare.
En mi
tazón de mendigo
Yo
también
Granizo
Golpeando
Mi tazón
de mendicante
Granizo
Santoka
escribió: “Las piedras de granizo al golpear, y la convicción de que el
granizo golpeándome era un látigo divino. Estos puntos deberían haber sido
expresados. Este haiku debería haber tenido palabras para expresar
‘golpeando’ o ‘latigando’ ”
Hay algo
oscuro en lo que Santoka anota, algo que se refiere a una flagelación
proveniente de lo “divino” (¿expiación de culpas?) que no es
posible develar con certeza en cuanto al sentido psicológico latente que
expresa o que significaban estas expresiones para él y porqué recurre a ellas.
Pero si podemos inferir que Santoka era un alma compleja, donde fuertes
corrientes psíquicas estaban en movimiento y eventualmente en contradicción.
Van Gogh decía a propósito de la obra de Rembrandt: “Para pintar así, un
hombre tiene que haber muerto muchas veces” y ese es el caso de Santoka,
pariente de ambos.
De allí
que al leer sus haiku, quizás sea preciso atender no a lo que dice, sino a lo
que no dice, a aquello que se abre a una multiplicidad de interpretaciones,
pues sus haiku están cargados de simbolismos que a veces no son fáciles de
interpretar, aunque tienen una clave si los relacionamos con su vida, teniendo
en cuenta sus propias anotaciones en su diario.
En la
contemporaneidad tan alejada de lo esencial en la que vivimos, Santoka es un
gong, algo así como una bofetada que nos despierta de un letargo. El como
ninguno llevó el viaje hasta la raíz de la condición humana como pocos lo han
hecho. El como ninguno nos enseña el verdadero sentido de la autenticidad que
nada tiene que ver con la sinceridad, sino con la verdad que es develarlo todo
hasta raspar el hueso.
Curiosa
lección que un auto-marginado, un “dharma bum” (como decía Jack
Kerouac), un ebrio iluminado nos da, sin predicarlo, sin sacar partido de ello,
sin haberse propuesto hacerlo, al solo impulso de su voz pura y cristalina.
“He
retornado al ‘mundo de la existencia’ después de una larga lucha y
siento como si hubiera ‘vuelto a mi propio hogar y estuviese cómodamente
sentado’. He estado a la deriva por un largo tiempo-no solamente mi
cuerpo sino tambien mi mente. He sufrido por cosas que debieran existir, y me
he atribulado por cosas que no puedo evitar que existan, y ahora finalmente
puedo estar en paz con las cosas que existen. Ahí es donde me encuentro ahora.
Tanto las cosas que debieran existir y las cosas que no puedo evitar que existan,
están contenidas en las cosas que existen. Cuando uno conoce las cosas que
existen, conoce todas las cosas. No estoy tratando de abandonar las cosas que
debieran existir, ni tampoco estoy tratando de escapar de las cosas que no
puedo evitar que existan, esta es mi actitud presente que busca entender el
‘mundo de la existencia’. Lo esencial para alguien que escribe
poesía es escribir poesía en si misma. Debo expresarme a mi mismo como
poesía—es mi deber tanto como mi esperanza”, escribe en su diario
en el otoño de 1934.
“En
diciembre 15, 1939, gracias a mis amigos en Matsuyama, y por las siguientes
circunstancias, he decidido quedarme aquí por algún tiempo, o quizás, hasta que
muera. Un buen amigo, Ichijun, me cargó sobre sus espaldas desde la posada en
Dogo a esta nueva casa al pie del Mikizan. La casa está en una altura y es muy
tranquila. La montaña es bella, el agua sabe bien, y la gente aquí parece ser
agradable. En realidad es una casa demasiado buena para un viejo vagabundo. Es
más de lo que merezco pero la he aceptado agradecido. Esta “casa para
vagabundo” en más hermosa y cálida que la de Yamaguchi (Gochu-an)”,
agrega Santoka en su diario
Ya que
las montañas están en calma
Me quito
mi kasa
De este
modo su largo peregrinaje ha llegado a su fin, reconciliándose consigo mismo y
con el mundo de la existencia. Queda mitigado el dolor, la desgarrante pérdida
infantil, la soledad, la pérdida del ideal, el conflicto entre lo que es y lo
que debería ser, a través de la puerta que le abrió su estancia en el monasterio
zen que le permitió repararse a través de la creación (creando me he curado,
como dijo un poeta) pues finalmente se reconoce como aquel que el mismo moldeó
en su propio ser: un poeta, renaciendo a una nueva identidad y un nuevo sentido
de si mismo.
Santoka
mas que ningún otro haijin en la historia del género muestra que para escribir
un haiku, hay que tener algo que decir. Nos convoca a no ser esclavos de la
técnica, a romper sus cadenas sin miramientos. Nos convoca a derribar las
esclusas que se oponen a que el río de nuestro ser surga abrupto y fecundo. Nos
convoca a dejar atrás los convencionalismos sociales, que tanto nos limitan en
nuestra escritura y en nuestra vida. Pues en su pathos Santoka nos invita a
vivir la vida a fondo, de acuerdo al sino de cada cual, entregándolo todo, pues
en él vida y haiku coinciden totalmente, vida es haiku, haiku es vida.
Testimonio aleccionante de alguien que fue un ebrio dionisiaco, un
‘dharma bum’, un corazón doliente y solitario, un descastado,
auto-exiliado, pero también un Príncipe, el Principe del Haiku.
Por
Carlos Fleitas
Abril
2005
Nota
importante
Toda la
información biográfica y anecdótica sobre Santoka, así como las anotaciones en su
diario, aclaraciones terminológicas y la gran mayoría de los haiku que en este
trabajo se citan, las he tomado textualmente de la excelente síntesis de
fuentes obtenidas de Internet en la pagina web que se puede encontrar en
“Taneda Santôka's Haiku (December 3, 1882 - October 11, 1940) Terebess
Asia Online (TAO)” http://terebess.hu/english/haiku/taneda.html,
ordenándolos a los efectos de mi propia exposición, por ende pertenecen por
entero a la creación intelectual y derechos de autor de las referidas fuentes.
He tomado
algunos de sus haiku de “The Illustrated Haiku Poems of Santoka
Taneda” http://thegreenleaf.co.uk/HP/Santoka/00santoka.htm. Esta es una
excelente Web con haiga sobre los haiku de Santoka
Todo el
material referido que se encuentra en Inglés ha sido traducido por mi. Espero
haber minimizado el tradittore del conocido adagio italiano. De allí que el
lector no deba esperar una correspondencia métrica estricta con el original
japonés, sino una traducción de una traducción que presenta todos los inconvenientes
del caso, pero que a mi juicio expresan el contenido de los haiku de Santoka, o
al menos así lo espero...